9. Promover la participación activa de las personas con discapacidad y sus organizaciones representativas, en la formulación, seguimiento y evaluación de las políticas y programas de vida libre de violencia, en concordancia con el principio de “Nada sobre nosotros sin nosotros”.
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8. Integrar de forma transversal el enfoque de discapacidad en las políticas de prevención de la violencia de género, asegurando respuestas adecuadas a las múltiples formas de discriminación que enfrentan mujeres y niñas con discapacidad.
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7. Diseñar e implementar programas de prevención específicos, dirigidos a personas con discapacidad, con énfasis en niñas, niños, adolescentes y personas en situación de alta dependencia, fortaleciendo el empoderamiento y el conocimiento de derechos.
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6. Incorporar de manera explícita la prevención y erradicación de la violencia institucional dentro de las políticas públicas, protocolos de actuación y programas de capacitación de los servicios involucrados.
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5. Adecuar integralmente los servicios de acogida, protección y atención a víctimas, garantizando condiciones de accesibilidad universal, apoyos especializados y atención diferenciada para personas con discapacidad.
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4. Reforzar la coordinación interinstitucional y territorial, garantizando rutas de atención integrales, continuas y culturalmente pertinentes, especialmente en zonas rurales y comunidades indígenas.
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3. Implementar sistemas de información y registro desagregados, que permitan identificar, monitorear y evaluar la violencia contra personas con discapacidad desde un enfoque interseccional.
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2. Desarrollar programas permanentes de capacitación especializada para el personal de los sistemas de protección, justicia, salud y servicios sociales en violencia y discapacidad.
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Fortalecer la accesibilidad universal de los servicios de denuncia y atención, incorporando formatos accesibles, apoyos comunicacionales e intérpretes cuando corresponda.
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4. Limitada adecuación de los servicios de acogida y protección (casas de acogida, refugios temporales) a las necesidades específicas de las personas con discapacidad, particularmente en términos de accesibilidad física, apoyos comunicacionales y acompañamiento especializado.
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2. Insuficiente especialización del personal encargado de la atención a víctimas de violencia en materia de discapacidad, ajustes razonables y comunicación accesible.
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8. El Estado presenta avances normativos e institucionales relevantes en la prevención y atención de la violencia; sin embargo, las brechas en accesibilidad, especialización e implementación efectiva limitan el logro pleno de una vida libre de violencia para las personas con discapacidad, conforme a la meta ideal de la CIADDIS-PAD.
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7. Débil incorporación del enfoque de discapacidad en las políticas y programas de prevención de la violencia de género, lo que limita la atención adecuada de mujeres y niñas con discapacidad en situación de violencia múltiple e interseccional. Escasa participación de las personas con discapacidad y sus organizaciones en el diseño, implementación y evaluación de las políticas y programas orientados a garantizar una vida libre de violencia.
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6. Falta de estrategias preventivas específicas dirigidas a personas con discapacidad, especialmente niñas, niños y adolescentes, que aborden factores de riesgo asociados a la dependencia, el aislamiento y la exclusión social.
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5. Insuficiente abordaje de la violencia institucional, incluyendo prácticas discriminatorias o revictimizantes en los servicios de atención, salud, protección social y justicia, que desincentivan la denuncia y la continuidad de los procesos de protección.
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3. Sub registro de casos de violencia contra personas con discapacidad, debido al miedo, la dependencia, la normalización de la violencia y la falta de sistemas de información desagregados.
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Barreras de accesibilidad en los mecanismos de denuncia, atención y protección, que limitan el acceso efectivo de las personas con discapacidad a una respuesta oportuna y adecuada.
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